Identidad y evolución
Arquitecto Esteban Bondone
A través de una visión modernista y un fuerte compromiso académico, Bondone analiza el impacto de las realidades regionales en la arquitectura contemporánea. Reivindicando el valor de los concursos como herramienta clave y traza un panorama sobre el perfil profesional y las buenas prácticas necesarias para afrontar el escenario actual y futuro de la disciplina.
Visión modernista
Mis últimos años de formación fueron en Italia, concretamente en el politécnico de Milán, lugar en el que obtuve una visión alternativa, especialmente sobre la modernidad; en Italia este fenómeno se asumió de manera muy diferente a lo que ocurrió en Europa Central, y a propósito de ella Marina Baiman también sucedió un fenómeno similar, al que denominó como la modernidad apropiada.
Doble vocación
Ejerzo la profesión desde 1988, y al mismo tiempo, la docencia. Entiendo que ambas deben ir de la mano, ya que uno se compromete a decir lo que hace, de algún modo se hace eso que ha dicho o explicado, o propuesto como camino del conocimiento. A la UCC ingresé como profesor en 1989, y para 2002, fui propuesto como Decano, cargo en el que me mantuve hasta el año 2008.
Mirada regionalista
En la década del 2000, luego de la crisis del país, y con un ánimo bastante fisurado, me tocó desenvolverme como decano, y las perspectivas de desarrollo profesional eran difíciles. En este escenario, propuse cambios del plan de estudio, llevando la facultad a una visión más cerca a Latinoamérica, la Ciudad y Provincia de Córdoba. Se invitó a referentes de la década, como Alejandro Aravena, Ángelo Bucci y Eduardo Souto de Moura de Brasil, y a Solano Benítez de Paraguay. Todos ellos, condujeron a una generación completa de egresados a ver y hacer la arquitectura de cierto modo. Otras figuras de época que convocamos fueron Miguel Ángel Roca y “Togo” Díaz.
Iniciativa transformadora
En la Facultad de Arquitectura, llevamos adelante un seminario “El Oficio del Arquitecto” en la Facultad de Arquitectura, donde convocábamos a un arquitecto muy joven y a otro muy experimentado por ejemplo convocamos al arquitecto Leopoldo Laguinge que estuvo junto a Gallego Rojo; por otro lado, estaba el Arq. Ricardo Sargiotti con Mario Souberán; por otro lado, también nos acompañó Hubert Hobbes. Todas estas figuras, entre los años ´50 y ´60 habían dado origen a una expresión arquitectónica con mirada internacional, pero a la vez local, con identidad regional. Esta iniciativa, nos llevó a encontrar a jóvenes dinámicos y potentes que al día de hoy son cuasi celebridades.
Ejes de cambio
En nuestro período planteamos una serie de pilares fundamentales que sostenían conceptualmente nuestro modelo de gestión. En primer lugar, se priorizó que los estudiantes tuvieran contacto con la realidad, que estuvieran al tanto de lo que ocurría en el mundo, en diferentes niveles, ya sea el urbano, arquitectónico, social o medioambiental. A raíz del estudio de la realidad y el fenómeno de la globalización, otro rumbo que tomamos fue el de la multipolaridad, combinando materias de quinto año con las de primero, o de segundo con cuarto, logrando conformar una red de diagonales.
Vertientes orientadoras
En la facultad se enseña vinculando todos los procesos creativos del movimiento moderno, y eso hace que de alguna manera los alumnos expresen los contenidos de la modernidad. Por otro lado, hay algo que viene del contexto, que es la idea del emprendimiento y la autogestión a nivel profesional; en su momento, esto llegó a convertirse en una materia de formación, que integró al plan de estudios, y que aportó rudimentos de organización profesional de interés.

Esteban Bondone, ejerce como arquitecto desde el año 1988 y también se desempeña en la docencia. En 1989 comienza a ejercer su rol como educador en la Universidad Católica de Córdoba y desde 2002 a 2008, se desempeñó como Decano de la carrera de arquitectura en dicha casa de estudio.
Otra acción que impulsamos con el equipo de trabajo, consistió en incorporar a cada cátedra un arquitecto de ejercicio profesional consagrado y consolidado, con el obje to de que los alumnos recibieran de esta figura toda su experiencia, y que de tal modo concibieran la posibilidad de desarrollo profesional concreto. Complementariamente, en cátedras de construcción, anexamos profesionales que representaba un alto nivel de diseño y que en simultáneo eran tecnólogos de primera línea.
Vínculos y acuerdos
Luego de un período de contención y organización acotada, trazamos convenios con el Colegio de Arquitectos, la Universidad Nacional de Córdoba, otras facultades de Arquitectura, instituciones de Buenos Aires y Rosario, e instalamos un camino de relación entre la profesión y el alumno. El CAPC jugó un rol muy importante, ya que nos encontrábamos en un momento de crisis y recuperación de la economía nacional, y la multiplicación de los concursos, promovió el ejercicio profesional.
Aprendizaje y reflexión
Los concursos son prácticas reflexivas sobre temas que en el ejercicio profesional uno difícilmente puede abordar como encomienda (tales como hospitales, Palacio de Justicia, etc.). Cuando uno es joven, una de las primeras posibilidades es ejercer la profesión por medio de los concursos, no específicamente para ganarlos, sino para ir acumulando experiencia compitiendo y cotejando ideas con otras personas. No son un divertimento, sino que más bien son un estado reflexivo, de estudio y entrenamiento profesional. Junto a mi estudio, en aquel momento compuesto por los hermanos Ompre, Gotusso y Bertelli, y apenas recibidos, participamos del concurso del Banco Social, que terminó ganando Coopsa. Cuando fuimos a ver el resultado a la Fico, expuesto en paneles analógicos Marina Baiman se acercó y nos dijo: “Elijan mejor los concursos .Un banco, es algo muy complejo para un recién recibido. Empiecen haciendo parques, pasarelas, paseos, escuelas, jardines de infantes, y vayan creciendo en niveles de complejidad”. Otro gran logro a nivel personal fue la obtención de un Primer Premio, para la construcción del Estadio Provincial de Fútbol de la Ciudad de la Punta en San Luis, en el que trabajamos conjuntamente con otro estudio, compuesto por los Arqs Luciani, Soneira y Zanoni.

Esteban Bondone distingue al Albir 1 como el primer edificio de la era “posnoventa” que, según conceptos de Marina Waisman, se despoja de “todo rasgo posmoderno regional típico”.
Desarrollos icónicos
Destaco el Albir 1, como el primer edificio post noventa, porque como dice Marina Waisman, está despojado de todo rasgo posmoderno regional típico. Anteriormente, y siguiendo el modelo “Togo Díaz” habíamos desarrollado varios edificios ladrilleros. Marcelo Ompré, tuvo el gesto de desarrollar este edificio con un croquis magnífico, que sigue la forma del norte. En cuanto a sus características, vale destacar que tiene justo la curva que desciende de Poeta Lugones hacia Balcarce, y es muy puntudo porque la corta perpendicularmente a Balcarce la calle San Lorenzo; ésto da como resultado dos edificios en uno: el edificio o área social de la construcción que da sobre el Parque Sarmiento y Poeta Lugones, con líneas horizontales muy dinámicas, y por otro lado, un edificio sobre San Lorenzo que forma parte del gran edificio de la esquina, y contiene en su interior las áreas íntimas o familiares.
Concurso: realidad y perspectivas
Hoy en día, los concursos se están desarrollando de una forma muy dinámica e interesante. En los de carácter público, los costos de participación bajaron significativamente. Lo digital, abre posibilidades a muchísima gente, pero como contrapartida, esto complica bastante la tarea de jurados y asesores, que tiene a cargo la tarea de seleccionar y definir qué propuestas están bien encuadradas y cuáles no. A futuro, tienen que ser una de las herramientas de los estados provinciales y municipales para legitimar las acciones urbanas arquitectónicas. El concurso valida públicamente la gestión de gobierno y el ejercicio profesional. Cuando eso se viola, los edificios o desarrollos urbanos-arquitectónicos pierden crédito ante el público, y sobre todo, de los colegas.
Síntesis décadas recientes
En los años ochenta, veníamos de una interpretación banal del posmodernismo. En la década del ´90, con el ingreso del Neoliberalismo, se produce un cambio en el ejercicio de la profesión, causando una ruptura de los equipos como Coopsa (generalmente ligado al desarrollo del concurso y obras privadas magníficas), y emerge la figura del arquitecto estrella. Además, producto de la globalización, los procesos analógicos artesanales se vieron relegados frente a los nuevos medios tecnológicos, y también se instauró un modelo económico hegemónico, que abrió paso a tipos urbanos diferentes, como las organizaciones cerradas, grandes mercados y centros comerciales cerrados, que dieron lugar a conceptos icónicos, como el “no lugar”.
Desde 2001, el modelo que se rompe es el del Neoliberalismo, y trajo consigo una ruptura acentuada: la pobreza se elevó hasta un 60%, la inflación llegó a un nivel inimaginable y ocurrió una gran caída del empleo. Como resultado de la desaparición del estado y la privatización de los medios y servicios públicos, se produjo una crisis, que propició una suerte de recuperación de la identidad regional, de mirarnos nuevamente y reconsiderar posibilidades cooperativas y de asociaciones en ONG.
Tendencias tipológicas de época
En Buenos Aires, ya se habían erigido los grandes establecimientos comerciales cerrados (shoppings), y en Córdoba también empezaron a aparecer. De todos modos, el gran impacto fueron los barrios cerrados, empezando por una urbanización de gran interés paisajístico como lo fue “Las Delicias”; desde su génesis, sucedió la migración permanente hacia el cono urbano de la ciudad y una depreciación de los barrios consolidados urbanos y del centro. Otro de los grandes íconos del momento fue el “Edificio Inteligente” sobre Avenida Irigoyen. Estos ejemplos, abrieron el debate sobre la ciudad, su patrimonio, las nuevas tecnologías y la globalización de la imagen de la arquitectura, y contra la consolidación de estos grandes edificios, rigió una inercia de regionalismo crítico. A nivel internacional, no puedo pasar por alto la obra de Alejandro Aravena y de Miriam Radich en Chile, los desarrollos de Solano Benítez en Paraguay o de Ángelo Bucci en Brasil. En su momento, nuestra facultad recibió al arquitecto Souto de Moura, un referente global de carácter regional, muy asociado a la identidad latinoamericana, con una marcada conciencia política y social. También hubo otros arquitectos distinguidos como Álvaro Siza, que ya estaba instalado en la cultura y nos aportó muy buen material de estudio. Finalmente, tampoco podemos soslayar las polémicas conceptuales que produjeron personalidades como Brian Collins o Saha Hadid.
Efectos cambio climático
El fenómeno de transformación del ambiente producto de un desarrollo imparable de las ciudades contemporáneas es un hecho sobre el cual hay que plantarse, manifestarse, señalarlo, estudiarlo y encontrar razones conceptuales valederas que hagan al soporte de una discusión seria, ya que el cambio climático está modificando radicalmente los territorios de las ciudades y va a cambiar la manera de hacer arquitectura. En la facultad y la profesión, debemos evitar materiales contaminantes, o en todo caso, ir a una transición que pueda dar respuesta al medio ambiente de modo concreto. Hay que tratar de no polucionar más, disminuir las emisiones a cero o al mínimo posible, dejar de utilizar maderas regionales, pactar por las producciones forestales programadas, dejar de usar plástico (derivado del petróleo) e ir al uso de energías no convencionales.
Refuncionalización como clave
Hay una tendencia en torno a la recuperación de edificios ociosos, sobre todo de aquellos que fueron producidos en el período moderno. En Argentina, del año 1940 en adelante, edificios cuyo origen fue destinado a cierto tipo de actividad, son perfectamente adaptables a otras funciones, sean públicas o privadas. Construcciones en estado de decrepitud, pueden convertirse en ámbitos para ocupación futura de nuevos tipos arquitectónicos dedicados a la vivienda. Ya hay algunos ejemplos, de recuperación de edificios patrimoniales con destino residencial; también se observa una corriente de jóvenes arquitectos que están mirando espacios libres como baldíos, para transformarlos en áreas de uso público o de producción barrial-cooperativa (como la frutihortícola), que están cambiando la matriz o mirada conceptual sobre la ciudad. Alejandro Aravena, uno de los impulsores de la arquitectura social con contenido en diseño de alta calidad, fue quien nos llevó a pensar y generar interesados en esa área del desarrollo profesional y obtener mejores resultados en cuanto a hábitat.
Empuje del interior
En años posteriores a mi desarrollo profesional, empecé a valorar algunas arquitecturas del interior, como la de San Francisco, en donde pueden encontrarse obras tanto o más importantes que las que existen en la Ciudad de Córdoba. En Bell Ville, hay un arquitecto llamado Juan Cane – que es como un Frank Wright – pero de Argentina, que en sus proyectos denota una intensidad y calidad notables, que solo puedo haber visto en la generación de los 50/60, en la que se dibujaba hasta el mobiliario. Por otro lado, está la arquitectura vernácula – nacida sin arquitectos – que es muy bella, con rasgos austeros y elementales. En una oportunidad me tocó trabajar en el límite con el Chaco y frecuentar casas rurales de habitantes regionales, y en los ranchos y peladeras, pude descubrir aspectos extraordinarios como vida comunitaria, cuidado entre vecinos, economía compartida y cría de ganado cooperativo, que cada tanto invitan a volver para seguir analizando.














