Humanismo vs Tecnología
Un debate sobre el avance de la tecnología y la incidencia de la misma sobre los procesos formativos y las condiciones requeridas por un mercado laboral cada vez más exigente, fue tratado por ex directivos de ambitos académicos. Subrayan la importancia de la versatilidad a la hora de ejercer y el rol determinante que juega el profesional de la arquitectura en la generación de una mejor calidad de vida.
Arquitextos reunió a Mariela Marchisio (ex decana de la FAUD-UNC), a Diego Schmukler (ex director de Arquitectura de la UBP) y a Miguel Ángel Roca (ex decano de la FAUD-UNC) para reflexionar sobre la enseñanza de la arquitectura y los desafíos tecnológicos del mañana. La IA fue la encargada de estructurar los tres ejes temáticos del encuentro, planteando preguntas clave que invitan a conciliar la sólida trayectoria de los profesionales con la imperiosa necesidad de adaptarse a un mundo que cambia rápidamente.
Equilibrio humanismo – tecnología
¿Cuál considera que es la brecha más crítica entre la formación académica actual y las competencias que exige la complejidad del oficio hoy, y cómo debería la Universidad equilibrar la enseñanza del humanismo clásico con el dominio de herramientas tecnológicas disruptivas?
Schmukler: las bases del humanismo clásico nos brindaron una formación con una ética, un criterio o moral, focalizada más en como entablar también el vínculo con el comitente y principalmente en las ideas. Hoy en día esto se encuentra con lo neutro, con la tecnología, en virtud del a cual, todo pasa por la eficiencia, digitalización y manejo de herramientas. El humanismo tiene que ver con una posición clara respecto de ciertos valores que se han diluido bastante, ya que estamos en una sociedad en la que pesan poco. Hoy cuenta mucho el manejo de estos recursos que brindan la tecnología, hoy en día no manejarlas, deja fuera del circuito profesional – laboral.
Roca: me cuesta imaginar un futuro sin los elementos que conocí toda mi vida y que he amado, como la búsqueda de verdades y valores, y fundamentalmente de satisfacer la necesidad real de la gente. Estas nuevas herramientas están iniciando un mundo y no sé cómo podrá ser ese nuevo mundo. Por hoy, sólo pienso que las máquinas no están manejando más de lo nosotros a ellas.
Marchisio: creo que estamos ante una enorme posibilidad, y voy a ser muy crítica del humanismo clásico. Esta gran posibilidad, pasa por no creer en un único discurso. Tuve un proceso de formación en donde lo que decía la persona que estaba en el escenario era la única verdad posible, y debíamos alinearnos a eso sin poder acudir a debate al respecto. En este momento, con las tecnologías – más allá de que traen la posibilidad de accidente o de peligro – surge la oportunidad de apertura a una diversidad de discursos, posiciones y miradas, y entrenar a los profesionales del futuro.
Schmukler: yo fui formado en una época en donde si había un único discurso, que tenía un valor importante, que radicaba en que te permitía interpelarlo, discernir y decir, estoy de acuerdo o no. Hoy me parece que lo que estamos hablando no es tanto de los discursos – cuestión con lo que estoy de acuerdo en absoluto – sino más bien del peso que actualmente tienen la tecnología sobre los discursos. Hoy estamos hablando más de las máquinas y de la tecnología, que de los discursos o ideas. En nuestros días, solo importa la imagen, el resultado formal más que los valores o las cosas que hay detrás. En otro orden de ideas, me parece que hay una disolución de valores en virtud del peso que hoy tiene la tecnología. Un profesional que no maneje cierta cantidad de herramientas, casi que no tiene posibilidad, a diferencia de nuestra época, en la que uno podía defenderse con muchas menos.
Marchisio: yo fui a alumna en la década de los ´80 y ´90, y los profesores que tenía de los años ´60 o antes, creían que nosotros estábamos disolviendo los valores que ellos tenían. En todo arranque hay peligros y luego hay que aprender a convivir y potenciarse con eso.
Roca: yo no estoy seguro de que antes haya habido un discurso único. Yo he enseñado tanto tiempo con el convencimiento de que no quería ser como muchos profesores fueron. Osea que he aprendido más de los defectos de los demás que de mis propios méritos. Entonces solo pienso que hay discursos como siempre, y que a eso, uno los puede tomar como únicos o no, dependiendo la visión de cada uno. A mí nadie me habló de Kahn, y me fui a estudiar con un señor del que vi dos o tres fotos, y leí un artículo en el que hablaba, y me pareció lo suficientemente sugestivo como para invocar a cualquier otro pensamiento. En otras palabras, se remitía a pensamientos esenciales que nadie me los había propuesto. Todos los mensajes de los discursos pueden intentar mostrarse como ejemplos, pero nunca son absolutos. Sobre todo para la gente pensante, y para eso sirve la Universidad, independientemente de la inteligencia artificial u otras fuentes de información. Sí creo que hay que transitar la literatura, la filosofía, sociología, etc. Un arquitecto tiene que ver y curiosear el mundo, ser optimista y a la vez necesita de una ingenuidad grande para poder sobrevivir en este mundo contemporáneo.
Schmukler: Rem Koolhaas dice algo parecido al plantear: “es nuestro deber como arquitectos poner orden en el caos, aunque sabemos que vamos a fracasar, pero es nuestro deber”. Es un optimismo ingenuo, pero vale. No es que todo tiempo pasado fue mejor, ni que había más ideas, sino que ahora hay un peso mayúsculo en la tecnología.
Roca: estoy realmente alarmado con mi distanciamiento con los medios y herramientas contemporáneas. Había una época en la que teníamos que dibujar todo a mano, y borrar cuatrocientas veces, mientras que hoy en día, tenemos que dibujar en la computadora; y bueno, al respecto, le decía a todos los chicos que estaban en el estudio que no íbamos a incorporar ordenadores, porque de lo contrario se iban a quedar todos sin trabajo. La perspectiva del futuro tecnológico, es redefinición, tanto de los productos como de los productores. Uno siempre tiene que manejar herramientas, ser contemporáneo, es algo inevitable e inexorable.
Posicionamiento del profesional
Sobre el ejercicio profesional. En un mercado que tiende a la especialización extrema y a la gestión de proyectos atomizada… ¿De qué manera ha logrado usted preservar la figura del arquitecto como director de orquesta y custodio de la unidad conceptual de la obra sin sucumbir a las presiones burocráticas o económicas?
Marchisio: creo que hay distintas maneras de ejercer cada profesión, y que justamente esa versatilidad y apertura en el ejercicio de la profesión, es lo que se tiene que garantizar desde la misma formación académica. Uno no educa al arquitecto para un único ejercicio, o para que sea únicamente profesional independiente o exclusivamente desarrollista, o bien, gestor público. Uno lo forma para que entienda qué profesión quiere ejercer, qué le gusta de esa profesión y ojalá lo pueda ejercer. Al menos, en mi época, nos formaron versátiles, y creo que esa es la potencia de ser arquitecto.
Roca: la facultad no solamente enseña una profesión, sino que tiene un deber mayor, que es formar a personas intelectuales; no solamente se pregunta qué hay que hacer sino cómo hay que hacerlo. Es un deber de formación integral de un arquitecto.
Schmukler: la maravilla de la arquitectura es la cantidad de opciones de trascender en la propia profesión haciendo cosas disímiles. El error es creer que tenemos que ser diseñadores de genios creadores de la pieza original única y auténtica. Para mí ser arquitecto es saber resolver problemas con una visión diferente o alternativa. Y eso puede ser desde la gestión pública o la gestión privada. No es ser la persona que lidera el camino a un grupo de gente, para lograr un objeto único, como se vio en la película “El Brutalista”, en donde se retrata la imagen icónica del arquitecto con la cual yo no estoy de acuerdo. El arquitecto es una persona que puede tener ese rol, pero también muchísimos otros roles donde actúa de otra manera, incluso modestamente, resolviendo problemas para la gente. En distintos lugares, en distintos caminos, es saber pensar cómo resolver problemas y saber utilizar las herramientas. Ahora, para saber utilizar las herramientas más allá de la expertise en las mismas, es saber para qué las utilizará. Hay que cerrar la brecha entre gente que maneje las herramientas pero gente que también sepa para que las va a utilizar.
Reconversión disciplinar
Sobre el futuro de la arquitectura. Ante la crisis climática y el auge de la inteligencia artificial generativa… ¿Cree usted que estamos ante el fin de la arquitectura como un ejercicio de autoría y expresión formal para dar paso a una disciplina basada estrictamente en la ética del metabolismo urbano y la eficiencia de recursos?
Marchisio: como decía Diego antes, la arquitectura en realidad genera la interfaz necesaria para que una especie que somos nosotros, podamos habitar este planeta que es la Tierra – por ahora – hasta que podamos mudarnos a otro- . Siempre la arquitectura tuvo como rol generar ese hábitat que permita habitar en las condiciones que este planeta nos fue ofreciendo en cada momento de la historia; los avances tecnológicos y técnicos fueron permitiendo mejorar esos modos de habitar.
Schmukler: lo que no podemos pensar son visiones unívocas, de que va a ser esto o lo otro. Va a seguir existiendo la “arquitectura del estrellato”, la arquitectura también es un fenómeno de elite de imagen, especialmente en las últimas décadas, y eso también va a continuar. Por otro lado, también seguirá habiendo arquitectura que se compromete con cuestiones de orden social, de los problemas territoriales, incluso la “arquitectura del desastre”, es decir no hay una solo arquitectura. Desde que el hombre construyó una cabaña, ya alteró el ambiente; entonces, que ahora el problema ambiental sea crítico no es un fenómeno exclusivo de la arquitectura. La disciplina, tiene su problemática allí, la debe tratar y seguramente la tratará. El arquitecto se debe comprometer, debe ser consciente en cada línea que traza, en cada proyecto que hace. La primera cuestión de un arquitecto es saber orientar bien, y para ello no hay que tener grandes tecnologías, sino más bien saber como componer; ya lo decía Vitruvio hace dos mil años, ya era un tratado bioambiental. El ambiente y la arquitectura, son una sola cosa. Que la arquitectura altera la naturaleza, eso es ineludible, cuando ponemos ladrillos ya estamos influenciando el ambiente. Los hermanos Pelli, ilustran claramente la “arquitectura estrella” y la “arquitectura popular”, de distinto calibre y orden, pero de gran nivel; por un lado, César Pelli haciendo la gran arquitectura, y su hermano Víctor, desplegando la profesión en el norte argentino. En el presente, veo excelente arquitectura y también muy mala, no por el perfil formal, sino por la falta de conciencia de lo que se plantea, de su impacto ambiental
Cuanto mejores son las herramientas, más posibilidades tengo. Creo que el tema de la inteligencia artificial es cuando empieza a sustituir algo ineludible propio del ser humano que es el pensamiento y lo que yo llamaría la ideología, es decir, que pienso yo de algo. La inteligencia artificial no tiene ideología, o si la tiene está muy oculta; trabaja con un plano de absoluto desapego de las condiciones sociales, humanas del contexto. Yo puedo estar de acuerdo o no con algo pero hay una idea, algo que yo puedo interpelar, que puedo discutir, y que tiene cierto grado de conciencia sobre el ámbito en el cual yo trabajo. La inteligencia artificial por su parte, no tiene conciencia sobre el lugar donde trabaja. Si se empieza a utilizar la IA como reemplazante de ese grado reflexivo, ahí estamos en problemas. Hace poco he escuchado como hace muy buena música, y si esto sigue así, nos quedaremos sin músicos, y se seguirá replicando, hasta quedarnos también sin arquitectos por ejemplo.



















