Entrevistas

Arquitectura del nuevo milenio

Arquitecto Diego Schmukler
A través de un diagnóstico sobre la realidad arquitectónica global y nacional,  Schmukler focaliza su análisis en la transformación que atravesó la ciudad de Córdoba. Asimismo, reflexiona sobre los fenómenos ocurridos durante la expansión urbana entre 1996 y 2006, definiendo su postura sobre el papel actual de la disciplina y el rol de los nuevos talentos.


Tecnología y prácticas pre-profesionales

En UBP, la carrera de arquitectura inicia en 1997, y un año antes el plan de estudio fue diseñado junto a docentes de trayectoria con los que tuve experiencia previa en la UNC, como los Arqs Carlos Barbaresi, Eduardo Saluso, Silvina Barra y Miriam Marmandós. Nos importaba generar una experiencia académica que nos adentrara al nuevo milenio, en un momento de gran auge de las tecnologías de comunicación. Hasta el momento la enseñanza se basaba en presencialidad absoluta es decir, del encuentro sincrónico docente alumno en un mismo lugar, pero nosotros entendíamos que había que introducir estas herramientas novedosas como contenido en la carrera (asignaturas de cad e informática) y también en los procesos de enseñanza-aprendizaje.

Otra acción que promovimos fueron las pasantías de dos años de duración, tanto en repartición pública como en el sector privado; hicimos convenios con Municipalidad de Córdoba, Colegio de Arquitectos y la Municipalidad de Villa Allende), y también con industrias, aunque también fomentamos que los jóvenes pudieran conseguir sus propios espacios, por ejemplo en estudios de arquitectura. Como el equipo de trabajo venía de la experiencia del taller total, entendíamos que la arquitectura debía ser integral, por lo que se propuso esta didáctica con el práctico, un proceso en virtud del cual el alumno tenía la experiencia de la arquitectura como síntesis integral de contenidos (tecnología, representación, diseño urbano, etc.)

Apertura y empatía

Estamos hablando de un período particular (1996-2006). Con los alumnos siempre tuve cercanía y empatía, aunque sin confundir lo que es la adecuada distancia docente-alumno. Como anécdota recuerdo, en marzo de 2002, cuando después de la crisis de diciembre, los alumnos vinieron muy mal el primer día, porque cargaban con su propia incertidumbre y la de sus padres; y en ese momento, mantuvimos una charla que no era la del director con el alumno, sino de una persona comprometida con los mismos problemas que tenía el alumno, pero desde otra posición para poder afrontar el año lectivo. Con los jóvenes siempre tuvimos una relación cercana y cordial, ellos siempre supieron que las “las puertas de mi oficina estaban abiertas”.

Equipos formativos y personalidad institucional

Al inicio entonces, los docentes ya venían formados, pero luego, al momento de estructurar los equipos de trabajo, buscamos que hubiera una mixtura de generaciones, es decir, docentes de larga formación como los Arqs. Irós, Bonaiutti, Jaime Bravo, con arquitectos de edad intermedia como Saluso, Barbaresi, Cristina Nicasio, y otros arquitectos jóvenes. Por su parte, la UBP tiene un programa de incentivo para la formación de los docentes, y en su escalafón, promueve cursos de formación docente permanentemente.

Diego Schmukler, autor del proyecto académico para la carrera de arquitectura en la Universidad Blas Pascal (UBP). Fue director de la carrera desde 1996 hasta 2022.

Yo siempre le dije tanto a los alumnos como a los egresados, que no creo que Pascal sea mejor ni peor; es más, mucho menos que ninguna de las tres facultades sea mejor o peor que otra, simplemente son diferentes. Cada una encuentra su lugar, y siempre he abogado por eso. No pretendo ni se me ocurrió nunca hacer de Pascal una copia de tal o cual, o pretender “ser mejor que”, simplemente ser distinto, desde cierto modelo de enseñanza-aprendizaje, que fuera acorde a cierto tipo de formación y proclive a cierto tipo de inquietudes.

Década 1996-2006

En los noventa, vivimos dos eventos críticos para la Argentina: en 1995 la crisis de México denominada “el tequilazo”, que nos pegó muy mal, y luego por supuesto la crisis nacional de 2001. Pero entre medio de estos sucesos, en términos urbanos y arquitectónicos hubo cambios a partir del crecimiento de los barrios cerrados o “countries”, un fenómeno nefasto para la ciudad que hoy la hace casi insostenible. En esta época, en Buenos Aires, también aparece el fenómeno de las torres o grandes edificios, de las cuales Puerto Madero es el modelo más evidente. Desde mi perspectiva, el crecimiento expansivo y el desarrollo de torres, son modelos excluyentes, y tienen que ver con un fenómeno social-político-económico que se inició en el mundo, y que en Argentina termino impactando en los noventa; aún hoy seguimos atravesándolo de forma más drástica, por medio de la “ciudad fragmentada”, que está dispersa y hecha de guetos, en donde incluso hay lugares en los que se quiere cerrar con vallas las calles públicas. Cesar Pelli, sus conferencias ya planteaba que  la torre no puede pensarse como modelo para el crecimiento de la ciudad, ya que está ideada para las clases sociales más acomodadas, es oneroso, especula con el valor de la tierra y no genera espacio urbano. En Córdoba, se empezó a seguir esta tendencia: primero en el río, y luego con lo que estamos viendo en el crecimiento sobre Av. Colón y Ejército Argentino. Durante 1995 a 2005 entonces, se dio el inicio de este germen, para nada prometedor ni para la arquitectura ni para el urbanismo.

Expansión sin control

La Ciudad de Córdoba ha sufrido un fenómeno de crecimiento expansivo notorio desde finales de los noventa, particularmente hacia el eje noroeste, La Calera y todo el arco sur, especialmente, en las últimas décadas por los convenios urbanísticos. Este crecimiento ha sido a costa del cinturón verde que rodeaba la Ciudad de Córdoba, una reserva ambiental de la cual ya casi no queda nada, y como resultado, se ha transformado suelo rural en urbano. Esta extensión justificada con la necesidad de suelo para crecimiento urbano, en realidad no deja de ser una falacia a medias, porque dentro del anillo de Circunvalación, aún hay 5000 hectáreas vacantes. Este nuevo suelo urbano, se ocupa con una densidad bajísima, de alrededor de 10 habitantes por hectárea. Hacia 2010, la Ciudad de Córdoba ya tenía una densidad muy baja, de alrededor de 60 habitantes por hectárea, y la teoría dice que el mínimo para que una ciudad sea sustentable, debe ser de 150 a 250 habitantes por hectárea. Además de la dispersión, fragmentación en sectores demarcados por clases sociales, la consecuencia de esto está en los servicios públicos: la extensión de las redes de calles, de luz, gas. Se hace absolutamente oneroso para el municipio; inclusive, el transporte público, se ha ido volviendo cada vez peor, porque hay que brindar un servicio cada vez más extenso y caro, para una población relativamente baja, con una densidad baja e inclusive irregular (hay sectores como Nueva Córdoba en donde hay hasta 2000 habitantes por hectárea, o Barrio General Paz con 200 habitantes por hectárea, y otros sectores con 50 u 80). Esto debería revertirse de manera urgente, porque está como un enfermo en estado crítico en terapia intensiva. Las autoridades municipales, de algún modo están trabajando en un plan de “recuperar el centro”, pero el daño es grande, por el crecimiento hacia los sectores ya mencionados. Esto se verifica también en ciertos nudos claves, en los que a horas pico el tránsito se hace casi imposible.

Obras tendencia y referencia

La arquitectura en Córdoba quizá no se destaque por grandes obras como fue el Colegio Belgrano en los años 60. Sin embargo hay ejemplos de proyectos interesantes como la Biblioteca de la Universidad de Río Cuarto, que fue un concurso ganado por los Arqs. Patricio Mullins, Ana Etkin y José Santillán. En arquitectura residencial, podría destacar un edificio de Leopoldo Laguinge en Nueva Córdoba, una vivienda del Arquitecto Sargiotti en Villa Carlos Paz, entre otras. Pero quizá más allá de citar otros casos, me interesa rescatar trayectorias; en la última década hay arquitectos y estudios que se han mantenido coherentemente en la profesión, la docencia y participando en concursos; tal es el caso del Estudio Mondéjar, el de Barrado Bertolino y del Arq. Mendoza. Considero que Córdoba tiene riqueza a partir de la abundante obra pequeña desarrollada por estudios como los mencionados. En esta línea de pensamiento, Peter Eisenman planteó que muchas veces lo malo es que las sociedades buscan a iluminados que marquen el camino, cuando a lo mejor lo bueno sería que la sociedad sea iluminada. Si estoy advirtiendo en este sentido muchos focos de luz, arquitectos jóvenes con muchas obras, quizá no tan grandilocuentes, pero sí excelentes.

En el período en el que a mí me tocó formarme, siempre hubo un edificio que fue icónico y de alguna manera nos mareó un poco, que fue el Pompidou de Rogers y Foster. Para el año 1997/1998, fue el Guggelheim de Bilbao de Frank Gehry. Con ambas obras, me quedaban interrogantes acerca de lo que realmente representaban, lo que me ayudaba a entender un poco lo que pasaba en la arquitectura del momento. Años después, fue la Tate Modern de Herzog & de Meuron, que tenía que ver con posturas de algún modo diametralmente opuestas, pero que también llevaban a reflexionar sobre la arquitectura, a cómo actuar sobre un objeto patrimonial de una escala o envergadura tan importante como fue esta usina. En Córdoba, recuerdo el concurso de la Casa de Gobierno, que lo tengo claro como ejemplo, y algunas viviendas, que particularmente fueron desarrolladas por mis propios ex alumnos, como Cristian Nanzer, que realizó trabajos notables, como la casa de los padres y la casa de Los Cocos; también me gustan las obras de estudios jóvenes, como el de Agustín Berzero.

En ese final y principio de siglo y milenio, entra en juego toda la cuestión de lo que fue la posmodernidad, que a mí llego luego de cuatro años de haberme recibido. Teníamos a Michael Graves y León Krier, pero todo eso desapareció y de la posmodernidad quedó la arquitectura que menos comprendíamos, representada por Zaha Hadid  y Rem Koolhaas, en la que había pensamientos más que meras formas. De los 90, las obras más destacadas de Koolhaas son la Casa de Música de Porto y la Embajada Holandesa de Berlín, aunque la primera obra que vi de él, fue el Kunsthal en Rotterdam, que en su planta es un cuadrado y cuyo ingresa se encuentra exactamente al medio.

Hay un objeto de arquitectura que siempre me pareció fascinante, que yo la llamo “arquitectura inexistente”, que es una galería realizada por Norman Foster en Londres, que es una intervención en el patio entre dos edificios, y es una construcción que no se ve desde ningún lado, sino que sólo se lo descubre al ingresar. Para mí esta es una muestra del valor de la arquitectura que se descubre al caminar y recorrerla, que a cada paso nos va revelando una sensación diferente. Este tipo de intervenciones no está para ser fotografiada, ya que no posee fachada.

La identidad ladrillera del arquitecto Togo Diaz, marcó tendencia en la ciudad de Córdoba, aqui se destaca el edificio escalonado uno de las obras mas icónicas de su época.

Profesionalismo y trascendencia en el tiempo

Con “Togo” Díaz tuve una relación de mucho afecto. Trabajé en un estudio cuando aún estaba en quinto año de la facultad, y luego en los últimos años, trazamos un vínculo muy lindo. Yo no conozco otro fenómeno en el mundo de un arquitecto que le haya dado una impronta o identidad a una ciudad, como lo consiguió él. La Ciudad de Córdoba, contaba con matices de colores, pero con su obra se le imprimió una una esencia ladrillera. Su arquitectura en términos de proyecto urbano fue muy clara, y consistió en incorporar arquitectura especulativa de una manera clara, visible y de calidad; esto se logró de esquina a esquina, primero en La Cañada, luego en Boulevard San Juan, luego en Irigoyen. “Togo” Díaz, fue el primer arquitecto de Córdoba profesionalizado, es decir, que encaró su actividad con una empresa, con trayectoria reconocida y marcó continuidad en el tiempo, logrando productos exitosos y de calidad. Uno ve los edificios del “Togo” hoy, casi como un buen vino, porque no requieren ser procesados, sino más bien, que sigan envejeciendo. Por último, otro rasgo por remarcar era la actitud que mantenía para con sus comitentes. Tuvo la virtud de lograr lo que el proyectaba, pero en el proceso, no buscaba imponerse ni ser autoritario, sino más bien asumir una escucha activa de los requerimientos. Díaz logró hacer vivienda a una familia, luego a sus hijos, y posteriormente, a sus nietos, es decir mantuvo trayectoria continua con toda una familia, en muy buena relación.

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