Lectura convocante
La Biblioteca Central de la Universidad Nacional de Río Cuarto es parte de una estrategia global de intervención en el Campus, que relaciona los edificios aislados existentes a través de plazas, trayectos y parquización. El edificio integra dos áreas haciendo de rótula entre ambas.
En el año 2000 – y por iniciativa del consejero directivo no docente Antonio Pfeifer de la Facultad de Ciencias Humanas y bajo Resolución del Consejo Superior nº 100/200, adopta el nombre del escritor “Juan Filloy”. Fue diseñada como espacio abierto, con libre acceso de usuarios a estanterías y depósito de libros, tiene características de mediateca con posibilidades de comunicación a través de diferentes medios (libros, revistas, videos, red informática, etc.).
El edificio propone una espacialidad dinámica, definida principalmente por dos cuerpos: uno la gran sala de lectura y otro el depósito materializado por un escalonado de tres niveles de libros; entre los dos cuerpos una calle central, con puentes, escaleras y rampas a diferentes niveles, intenta hacer nexo entre ambos. Existen tres salas de trabajo grupal, casi desprendiéndose en búsqueda de privacidad y vistas hacia la barranca arbolada. La más grande de ellas, se complementa con espacios de lectura informal, puntos de lectura rápida, salas de informática, etc. La propia tecnología expresa la concepción del edificio, empleando en su construcción el hormigón en bruto y vidrio para la sala de lectura y el ladrillo visto con pequeñas perforaciones para el depósito de los libros, haciendo una clara diferenciación de espacios a través de la luz.
El ingreso al edificio es de muy diferente carácter. A la derecha, un volumen macizo nos presenta su cara lateral; a la izquierda, un extremo apenas abierto por un aventanamiento vertical.
El edificio alberga alrededor de 100.000 volúmenes, 1200 títulos de revistas, computadoras conectadas a la red de la universidad, y tiene capacidad para más de 500 personas sentadas. Su equipamiento diseñado especialmente, complementa la identidad de la obra. Los objetos se ubican complementando la especificidad de cada lugar, relacionándose de modo íntimo con la materia del edificio; a través de maderas claras, duras y sin vetas, tratadas como láminas que se estiran de un modo amable y con expresividad sugerente. Los tapizados en cuero y material sintético invitan a la diversidad del encuentro y del sentarse, asumiendo el desafío del silencio, la sencillez y la quietud. El objeto no ha resuelto un obstáculo masivo o monolítico sino un filtro permeable y traslúcido en el espacio, manifestando la premisa de que el espíritu del equipamiento no está en los objetos sino entre los objetos.
Conceptualmente el espacio de ladrillo contiene los libros y el de hormigón armado visto alberga las salas de lectura; una serie de rampas, puentes y escaleras cruzan entre sí y conectan las partes del edificio. La biblioteca está pensada para que cada lector encuentre su propio espacio, por lo cual hay sectores de lectura rápida, otras silenciosas, para trabajos grupales, con sillones, otras con escritorios, etc. Se accede a una calle central vinculante y se percibe un gran escalonado de tres niveles de libros, donde el protagonista es el papel. Las salas de lectura son bandejas con grandes aberturas y visuales recortadas hacia el paisaje por los tabiques de hormigón. Por el contrario, los depósitos de libros son cajas de ladrillo visto con pequeñas aberturas para permitir la mínima entrada de luz natural.
La biblioteca es de carácter abierto, con circulaciones visibles, cuenta con espacios para permanecer, tomar y consultar libros, también para dejarlos de lado y mirar al exterior.
Está construida en distintos niveles, con una luminosidad especial haciendo que se torne acogedora, y propicia para estudiar en grupos o de forma individual. La estructura de la biblioteca se instala como enlace entre el sector oeste y este de la Universidad, convirtiéndose en centro integrador, proponiendo diferentes lugares de encuentro a su alrededor y dentro de la misma biblioteca.
Autores: Ana Etkin, Pablo Goldenberg, Patricio Mullins, José Santillán, arqs.; Mario Ivetta, DI. Seguimiento de Obra: Ana Elkin, Arq.
Empresa Constructora: Madedu S.A. Ing. Alejandro Fernández Valdez.
Superficie: 2.100 m2


















